domingo, 4 de septiembre de 2011

LAS CRÓNICAS DE PEPA: CON LAS CHICAS DE OLIVER


CON LAS CHICAS (y chicos) DE OLIVER: Segunda parte.

Bien pues tal y como ya os dije, esta mañana la he pasado con las personas que han decidido entrar a un taller con "mucho corazón" en la residencia Oliver. Muchas gracias Rosa por tu atención y disposición, tu motivación para que participaran en el taller ha sido imprescindible.

Al entrar en la sala donde hemos hecho el taller apenas media docena de personas me esperaban, en ese momento se iba incorporando el resto del grupo. Al final hemos llegado hasta hablando sobre todo del Gancho. Les he contado de que va la edición de este año y que si les apetecía ayudarnos a decorar algunos espacios, yo les iba a mostrar como hacer un corazón. Mientras que lo hacíamos, les pedía que pusieran su memoria a funcionar porque yo, en realidad, era una "recogedora de recuerdos" y hoy, además de corazones quería recolectar lo que más me gustaba: recuerdos del Gancho.

En la cesta que uso para colocar los recuerdos que me prestan y a veces regalan, hoy llevaba estos:

Aurora: vivió en la calle Predicadores. En el 1939 ella iba a la Escuela de Eulogia Lafuente. La clase estaba en la planta baja de "un buen edificio" y guarda un precioso recuerdo de Eulalia, su maestra. Mantuvo el contacto con ella, la ha visto hasta hace poco más de diez años: "a ella le contaba las vicisitudes de mi vida".

Mª Pilar: vivió en la calle Armas: "soy bautizada, comulgada y casada en San Pablo" me decía llena de orgullo. "Recuerdo como Angelines, una amiga, y yo hacíamos cadenetas y flores para adornar los balcones de casa cuando se celebraba la fiesta de la calle".

Miguela: Conocía a los dueños de la Imprenta del Gancho, "estaba al principio de la calle San Pablo, el se llamaba Jesús y ella Pilar, que era enfermera".

Avelina: "A mi madre la bautizaron en San Pablo" . Fermina que así se llamaba su madre, se casó el mismo día que el Forano y la Forana, detalle que no ha querido pasar por alto Avelina.

Amparo: Vivía en la calle Agustina de Aragón. "Yo he vivido en el Gancho hasta los 70años" me contaba Amparo, una jovencita de 82 años. Fue al colegio de Nuestra Señora del Pilar, recuerda como iba al Mercado Central a comprar con su madre. "En la guerra cuando sonaba la sirena bajábamos al sótano del edificio de enfrente, pero como vivíamos en un cuarto piso, cuando llegábamos abajo ya sonaba otra vez y teníamos que subir". "Yo jugaba en la calle, como vivía en la parte ancha iba por ahí con las bicis y todo".
"Me costó muchos lloros irme del barrio, fíjate que aún cuando paso por él, aunque sea en el autobús siento hormigas en el estómago" me decía Amparo con la emoción, que se dejaba ver, en sus preciosos ojos azules.

Cuando he terminado, me he dado cuenta que la sala estaba llena, hemos llegado a ser 30 personas. Al despedirme de todas ellas y recibir besos y repartirlos, ha venido otro joven que nos acompañaba, este de 90 años "y cinco meses" me decía, a darme las gracias con esta frase y una sonrisa: "gracias de todo corazón".

Gracias a todos y todas las que esta mañana me habéis llenado la cesta de recuerdos y el corazón de alegría. Nos veremos, seguro que muy pronto, pepa.

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