lunes, 2 de diciembre de 2013

Los encantos de Soraya, la voz de Seve y el vino de Javier /Les filets de Soraya, l'organe de Seve et les vins de Xavier

Se llama Soraya, es aragonesa, joven, guapa, sonriente. Echando la vista atrás, pasados diez años, creo que su presencia en una intervención cultural en el barrio de Berlioz no fue fruto de la casualidad, fue con toda seguridad un golpe premeditado por parte de los que con el tiempo se convertirían en nuestros amigos. Era en 2002, el festival se llamaba Puerto Berlioz. Ella vino para participar, nos sedujo y nos atrapó en sus redes, en el barrio del Gancho. Nunca me he arrepentido por haberme dejado seducir.

En octubre de 2004, Seve me despertó cantando ópera, tal vez para convencernos mejor de formar parte del Pregón de las Fiestas del Pilar. El barrio del Gancho participaba orgulloso enfundado en trajes inspirados en Miró, mostrándose por primera vez en el espacio público. Faltaba vestuario, Bernard, el presidente de la MJC, Fred y yo cerrábamos el grupo “Y Miró hacia el Gancho” ataviados con delantales azules y medias rojas. Llevábamos una pancarta que reproducía el “Carnaval del Arlequín” de Miró. Nos sentíamos ridículos, y lo estábamos, pero a la vez felices por ver a los niños del barrio y a toda su energía irradiando el desfile.


Es lo que más me ha llamado siempre la atención en la Carrera: la energía de un barrio, la de su juventud, la de los educadores y de los animadores. Una energía desbordante, fluyendo en todas las direcciones, salpicada por gritos y risas. Los primeros años, la Carrera nos pareció ruidosa y descontrolada, la organización caótica. Y sin embargo, las cosas salían, aunque a menudo en el último momento. Lo más importante era participar.

Los recuerdos vienen a mi mente de forma desordenada, haciendo caso omiso de fechas y cronología. A menudo los relaciono con nuestras diferencias culturales, sobre todo con nuestras diferencias respecto al tiempo, a las esperas y al horario de las comidas.

Un año desfilamos por la noche y esperábamos una comida que en Francia habríamos tomado antes del evento. La espera fue larga, demasiado para algunos. Empezamos y terminamos por comernos entero el queso y nos bebimos el Jurançon que traíamos de regalo.

Acabamos con el estómago lleno y un poco de sentimiento de culpabilidad. También recuerdo a Christian, un animador del grupo de los jóvenes, con un ataque de risa incontrolable durante una reunión de planificación. Eran las nueve de la noche y teníamos el estómago tan vacío que ya no podíamos ni pensar. Sabíamos por qué Christian no podía parar de reír y nos contagió. Los españoles pensaban que nos burlábamos de ellos…


Otro recuerdo que me ha marcado es el año en que trajimos una colmena vacía. Quedaba dentro algo de miel y numerosas abejas espontáneas de San Pablo animadas por el intercambio internacional comenzaron a revolotear alrededor de Bernard, nuestro apicultor. Nació un mito: Berlioz era capaz de hacer la trashumancia con colmenas que cruzaban la frontera. Un político de Zaragoza descubrió que seguía habiendo abejas en su ciudad. A Javier el néctar de la miel le parecía indiferente mientras nos hacía descubrir su barrio y los vinos aragoneses. ¡Qué hermosos momentos!

Una imagen impactante, imposible de imaginar en Pau fue ver en la calle el espectáculo de las Babylons, las transexuales y travestis de San Pablo. Me hizo pensar en su trayectoria de vida, su sufrimiento, pero sobre todo en su orgullo de poder mostrar artísticamente su diferencia, un buen ejemplo de tolerancia y de integración.

Hace unos años, Mélaine, una adolescente de la MJC participó en un pasacalles de la Carrera, por la avenida de Conde Aranda, en la que salía sobre unos zancos, disfrazada y maquillada. Hoy es una hermosa mujer que se encarga de cuestiones relacionadas con el comercio internacional en Barcelona. Me dijo hace unas semanas que habría sido incapaz de hacer en Pau lo que hizo en San Pablo, fue la Carrera la que la incitó a atreverse, la que le dio confianza en sí misma y, más tarde, la empujó a viajar.

A lo largo de estos años, hay una constante: los vecinos de Pau están siempre dispuestos a participar en la Carrera. Nos sentimos cercanos en la reflexión, El Gancho y Berlioz perseguimos objetivos comunes, pero nuestras fiestas son diferentes y es esa diferencia la que nos enriquece y nos provoca un brillo en los ojos.

La Carrera está íntimamente ligada a la vida del barrio y a su evolución. Y este barrio, al igual que la Carrera se ha ido transformando, se ha embellecido, se ha ido abriendo al resto de la ciudad. Y en esta transformación que nos parece increíble, creo que hay un trocito de mí, de Berlioz y de muchos de los que, a mis ojos, han pasado de ser nuestros socios a ser nuestros amigos.

Daniel Hebting. Director de la MJC Berlioz de Pau

20 de noviembre 2013

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(Original en francés)

Les filets de Soraya, l'organe de Seve et les vins de Xavier 

Elle s’appelle Soraya, elle est Aragonaise, jeune, belle, souriante. Avec plus de dix ans de recul, je pense que sa présence lors d’une création culturelle dans le quartier Berlioz n’était pas le fruit du hasard, le coup était sûrement prémédité par ceux qui deviendront nos amis. C‘était en 2002, la fête s’appelait Port Berlioz. Elle est venue participer, nous a charmés et ramenés, dans ses filets, dans le quartier San Pablo. Je n’ai jamais regretté de m’être laissé séduire.

Sévé lui, plus tard en octobre 2003, me réveillera en chantant des airs d’opéra, peut être pour mieux nous convaincre de nous intégrer à la déambulation artistique de las Fiesta del Pilar.
Le quartier San Pablo participait, il était fier dans ses costumes inspirés de Miro. Pour la première fois il se mettait en scène dans l’espace public. Il manquait de costumes, Bernard le président de la MJC, Fred et moi terminions la parade de San Pablo affublés de tabliers bleus et de collants rouge. Nous soutenions la banderole reprenant un tableau de Miro.
Nous nous sentions ridicules, nous l’étions, mais heureux de voir les gamins du quartier et leur énergie irradier le défilé.


C’est surtout ça qui m’a marqué dans toute les Carrera : l’énergie, celle d’un quartier, celle de la jeunesse, celle des animateurs. Cette énergie débordante, fusant dans tous les sens, ponctuée par des cris, des rires. Les premières années elle nous paraissait bruyante, incontrôlable, l’organisation chaotique et pourtant les choses se faisaient, mais souvent au dernier moment. L’essentiel c’était de participer.

Les souvenirs affluent en vrac, dans le désordre, faisant fi des dates et de la chronologie.
Ils sont souvent liés à nos différences culturelles et en particulier au rapport au temps, à celui de l’attente et à l’heure des repas.

Une année, nous avions défilé en soirée et attendions le repas qui en France se serait pris avant l’événement. L’attente était longue, trop longue pour certains. Nous avons commencé et même terminé la boule de fromage et le Jurançon prévus comme cadeau pour nos hôtes. Nous avions l’estomac plein et un brin de culpabilité. Dans le même ordre d’idée, j’ai le souvenir de Christian animateur du secteur jeune, pris par une crise de fou rire énorme, incontrôlable, lors d’une réunion de préparation. Il était vingt et une heures, nous n’en pouvions plus de concentration, le ventre vide. Nous savions pourquoi Christian ne pouvait plus s’arrêter de rire, ce fut contagieux pour les Français. Les Espagnols eux pensaient que nous nous moquions d’eux…


Ce qui m’a marqué aussi c’est l’année où nous avions apporté une ruche vide dans le quartier pour la Carréra. Il restait sûrement du miel, de nombreuses abeilles de San Pablo conditionnées aux échanges internationaux voletaient autour de Bernard notre apiculteur. Un mythe est né : Berlioz était capable de transhumer ses ruches pleines, de leur faire passer la frontière. Un élu de Saragosse découvrait que dans sa ville les abeilles perduraient. Xavier lui, paraissait indifférent au nectar du miel, il nous faisait découvrir son quartier et les vins espagnols, beaux moments !.

Une image forte, inimaginable à Pau, celle que je découvrais lors de la mise en scène des travestis de San Pablo, las Babylons, dans la rue. Je mesurais leur parcours, leur souffrance mais surtout leur fierté d’afficher de manière artistique leur différence, une belle preuve de tolérance et d’intégration du quartier.

Mélaine, une adolescente de la MJC a participé costumée, maquillée, sur des échasses, à une déambulation dans l’avenue il y a quelques années. Elle est aujourd’hui devenue une belle jeune femme et s’occupe de commerce international à Barcelone. Elle me disait il y a quelques semaines, qu’elle aurait été incapable de s’afficher ainsi à Pau, mais que la Carrera San Pablo lui avait permis d’oser, de prendre confiance en elle, et donné l’envie de voyager.

Et puis au fil des ans une constante : les Palois sont toujours heureux de participer aux Carrera. Nous sentons bien une proximité de réflexion, des objectifs communs entre San Pablo et Berlioz, mais nos fêtes sont toujours différentes et c’est cette différence qui nous enrichit et fait briller les yeux de nos participants.

La Carrera elle, me paraît intimement liée à la vie du quartier, à son évolution. Et ce quartier, comme la Carréra, se transforme, s’embellit, s’ouvre à la ville. Dans cette transformation qui nous paraît étonnante, je pense qu’il y a un peu de moi, de Berlioz et beaucoup de ceux qui à mes yeux sont devenus, plus que des partenaires, des amis.

Daniel Hebting
Pau Berlioz 20 Novembre 2013


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