viernes, 5 de septiembre de 2014

El color de mis sensaciones

Como casi cada día desde hace un año, recorro las calles que separan mi casa de mi lugar de trabajo, el Centro de Salud San Pablo. Son 20 minutos lindos, que me evocan mil sensaciones, entre ellas la certeza de haber encontrado mi lugar en el mundo. 

Desde hace un año, he conseguido que mi vida profesional se alinee con el resto de mi vida en este barrio, y aunque podría parecer que sólo hace un año que trabajo por la salud de las personitas que pueblan estas calles, yo sé que no, que mi trabajo por la salud de este barrio se inició el día que decidí que mi vida y mis luchas cercanas habitaran este espacio…, y de eso hace ya muchos años.

Porque como bien se sabe, aunque no sé si se sabe bien, la salud de las personas y las poblaciones depende sobre todo de las circunstancias en las que se desarrollan sus vidas, y estas no siempre son las mejores, o mejor dicho, en la mayoría de las personas con quienes compartimos este mundo estas circunstancias podrían calificarse como penosas, terribles, injustas, …. ¿añades más?. 

Los y las que trabajamos dentro de los muros de nuestros centros de salud sabemos que nuestro trabajo es una pequeña parte de lo que la salud de las personas necesita, pero a mí y a mis compañeros de trabajo, trabajar aquí, nos ha ayudado a completar el cuadro y a vivir mucho más de cerca las dificultades que viven muchas de las personas que comparten nuestras calles.


Y ya que vamos a hablar de colores quiero dar color a mis sensaciones y sueños dentro de este barrio. 

¿La pobreza tiene color? Supongo que sí, uno feo, ese color que no nos gusta.
¿Y el frío? Ese frío de invierno que comentan las madres cada vez que tienes que levantar mil capas de ropa antes de explorar un niño. ¿Blanco azulado?
¿El miedo tiene color?, el miedo a no llegar a fin de mes, a no poder comprar medicinas, a perder la vivienda,  a no poder pagar el recibo de la luz, a quedarse sin derecho a la asistencia sanitaria, a que no te dejen ni siquiera pelear por tus derechos, a no poder tantas cosas… ¿negro, gris, o rojo sangre?
La esperanza, verde, ¿y la desesperanza? ¿gris?.
¿La falta de oportunidades, el fracaso escolar, el racismo? ¿negro?
Y aunque las fachadas son de colores, ¿qué color tiene el interior de los muros de las viviendas? ¿gris húmedo?¿verde moho?¿qué color tienen las chinches, las cucarachas? Uf negro también.
¿Por qué será que casi todo te lleva a esa gama del gris al negro?

¡Ay no!, el mal comer, la malnutrición tiene muchos colores, esos colores, rojo, amarillo, verde, con chispitas, con fuegos artificiales, con olores, con sonrisas, presentes en los envoltorios de todo lo que no debería tener espacio en las mesas de los niños. Porque como bien se sabe, en nuestra sociedad, pero sobre todo  los más pobres (a los pobres todo les cae encima), comen mal, muy mal, poco o mucho, mal elegido o mal recibido, y eso tendrá repercusiones futuras en un futuro ya de por sí incierto, muy incierto.


Pero cosa curiosa, miro a este barrio, y no veo gris, no veo negro, no veo desesperanza, veo colores. Veo fuerza y  energía capaz de colorear lo que es.
El verde esperanza en que el trabajo en red, las luchas compartidas, la generosidad de la entrega, la bondad que emerge porque existe, vaya haciendo que dejemos de mirar nuestro lugar para buscar ese lugar común posible.

El arco iris de las personas diversas que comparten nuestras calles, que nos abren los ojos a otros mundos, a otros olores, a otras maneras, a otros sueños que son distintos pero son el mismo, porque los sueños vengas de donde vengas acaban siendo muy parecidos.

Los colores de la biennutrición que también se da, los colores de nuestra huerta, de la alimentación sana y variada, de la dieta mediterránea, de nuestra dieta. Comer sano y suficiente. ¡Ah! y por supuesto, del compartir mesa, con los nuestros y con los otros, parar, estar, ser, hablar de frente, y  no a través de aparatitos.

Lo colores de los carteles que inundan las paredes de nuestros muros y colectivos, invitándonos a compartir luchas, el amarillo que ondea en el Centro Social Comunitario Luis Buñuel, los colores de los solares, de los pequeños comercios, del circo, de la magia, de los saludos y conversaciones en la calle, de las sonrisas (y de eso saben mucho los niños)… 

¿Y qué color tiene la constancia, el trabajo cotidiano intentando mejorar las condiciones del barrio, por y para sus gentes? ¿y el color de intentar embarcar a las personas en sus propias luchas, en hacerlos dueños de sus pasos?, ¿la reflexión compartida?¿la diversidad de perspectivas?, pues no sé, cada uno que ponga su color preferido.


La Carrera del Gancho, para mí es eso, es visibilizar todos esos colores que transforman el gris que colorea la pobreza en el día a  día. Es la suma de los colores ¿el blanco? ¿la luz?. Es un momento que no es un momento sino un todo, la suma de todos.

Y siento que tengo una gran suerte al poder participar en ella, y  por trabajar, luchar y vivir en este barrio. Y doy gracias porque nuestro Centro de Salud San Pablo, crea que la salud se trabaja dentro y fuera de sus muros, y que las respuestas a muchos problemas de salud no están en las consultas y en las recetas, si no trabajando codo a codo con todas las personas que hacen de este barrio y este pequeño mundo un lugar diferente y privilegiado. Gracias a los que lo hacéis posible.

Rosa Macipe Costa
Pediatra Centro Salud San Pablo. Zaragoza

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